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- Manuel Zavala -

“Yo sólo me sentí un jinete con suerte”

Primera parte

Por: Miguel Juárez • Fotos: Cortesía Manuel Zavala
Manuel Zavala, protagonista de la historia de la hípica mexicana

*$12.50, mi primera paga en las parejeras *Antes, las montas se ganaban con mucho trabajo

Sus memorables montas a Beduino lo llevaron a la fama y en el ambiente de las carreras de caballos se le ligará por siempre con el tordillo Pura Sangre. Muchos lo identifican por esa hazaña, pero Manuel Zavala es más que eso. “Zavalita”, como muchos lo conocen, es uno de los personajes de mayor trayectoria en el Hipódromo de las Américas, escenario al que llegó en 1959 y que ha sido su segunda casa durante más de 55 años. Hoy, a sus 72 años, está retirado de toda actividad y lleva una vida tranquila al lado de su esposa doña Sara Leticia Barba y sus hijos. Él dice en tono de broma: “ya no hago nada, como siempre”. Sin embargo, todos sabemos que hizo mucho en una trayectoria de altas y bajas abarcando varias facetas. Primero como jinete en los carriles, luego como jockey de caballos Pura Sangre y Cuarto de Milla, maestro de la Escuela de Jinetes y, finalmente, entrenador de ejemplares de ambas razas, pasando por ser considerado uno de los mejores amansadores. En la comodidad de su casa en Jardines de Atizapán, Estado de México, y acompañados de un “tequilita” especial de la casa para afinar la garganta, Manuel nos cuenta que nació en La Barca, Jalisco, el 19 de diciembre de 1945, de origen modesto y de familia campesina. “Nosotros somos de campo, desde que teníamos tres años ya nos traían en la siembra y andando a caballo”, dice con orgullo. “Nuestra diversión de los domingos era ir a las bueyeras, que eran potreros donde había bueyes y los vaqueros los lazaban y pialaban para que los muchachos los montaran. “Luego ya no había bueyes, sino machos y caballos sin doma a los que uno los montaba estando tirados, se agarraba uno de la crín y ahí iba el animal brincando y reparando. Esa era la diversión de chiquillos y así me hice como jinete”, comenta.

$12.50, su primera paga

“Mi primera carrera parejera fue en un ranchito, en carreras que hacían de a $20, $50 ó $100 pesos de apuesta entre los dueños. Yo monté en una de $100 pesos y me dieron $12.50 por ganarla, porque si no ganabas no te pagaban, así era antes. Fue como a los 7 años, a lomo libre, cuando pesaba 25 kilos”. Ya encarrerado en la plática y con muy buen ánimo, “Zavalita” se acomoda en el sofá, se echa un sorbo de tequila y revive sus recuerdos: “Antes las carreras eran por saber quién tenía el mejor caballo, los cuidaban bien, les tenían cariño y respeto, eran por puro orgullo, sin importar tanto el dinero de la apuesta”. Cuenta Manuel que comenzó montando a pelo, en carreras “a dos voluntarias y una forzada, y al balazo, porque no había los arrancaderos que ahora hay en todos los carriles”. Pero montó más con faja, porque tenía mayor seguridad que a pelo ante cualquier extraño que hiciera el caballo en la carrera.

De Tlalnepantla al Hipódromo

“En las parejeras, la gente te va viendo y si montas bien te jalan para otras partes, por eso anduve por todo Jalisco, Aguascalientes, Durango y hasta Reynosa, Tamaulipas, pero un día vine a montar a un carril que había por aquí cerca en Viveros de La Loma, por el rastro de Tlalnepantla, y ahí conocí a una persona que me preguntó si quería montar en el Hipódromo de las Américas.
En sus primeras montas en el Hipódromo de las Américas. En la foto con El Lancero, de Cuadra Erika, en 1961
“Tenía como 14 ó 15 años en ese entonces y la verdad nunca había pensado montar en el hipódromo; se me hacía como salir de una vecindad y entrar a Bellas Artes, pero le dije que sí a esa persona y al otro día me llevó. Era más o menos en 1959 ó 1960”. Con un gusto que se refleja en su rostro, cuenta que “cayó en blandito”, pues aunque no conocía a nadie muchos lo ayudaron y entró a la Escuela de Jinetes con el maestro Óscar Gómez.
Con Buen Tip, con la que conquistó su primer clásico
Al principio su problemas fueron que sabía montar, pero no con sillín, y la diferencia en los frenos usados en los caballos del carril (tlacualejos) y los del hipódromo (filete), que hacen diferente también el manejo de las riendas. Otra cosa que le costó trabajo aprender en su cambio del Cuarto de Milla del carril al Pura Sangre del hipódromo, fue el sentido del paso. “Son distintos para cada distancia de la carrera y tienes que saber medir el tiempo en que pasas cada furlong para que tengas caballo para el final, no nada más es seguir a los punteros y ya. “Me costó trabajo el cambio, pero pronto aprendí, pues antes había mucho compañerismo, no había envidias y todos te daban consejos. De los primeros que me echaron la mano me acuerdo de Pedro Mares, Jorge Núñez, Enrique “El Pato” Gracida y Memo Gracida, pero hubo más que sería largo mencionarlos”.
Tres fotos con Beduino, el tordillo que lo lanzó a la fama

Lloró en su debut

¿Qué sentiste cuando montaste en tu primera carrera oficial?, le preguntamos y sin pensarlo respondió: lloré “Yo debuté el 10 de mayo de 1961 con una potranca llamada Tarim Barim, de don Jorge Sarur Aburto, que andaba corriendo muy mal, me la dieron y la monté con el peso mínimo de 43 kilos. “A mí me habían aconsejado: nunca desboque un caballo en la curva, siempre aguántese hasta el cuarto de milla (400 metros antes de la meta), pero en la curva vi que se me acercó uno montado por Ángel Becerril, mandé a la potranca y al final me agarró en la pura meta porque la desboqué antes, pero si me hubiera aguantado más en mandarla gano yo. “Lloré porque era mi primer carrera, pues imagínate ganar en aquéllos tiempos en que había muy buenos jinetes, pues te llega a lo más hondo y por eso lloré de tristeza al perder. “Después monté una yegua llamada Rolling Bay, tenía puras colas, pero como la monté livianita, la saqué en punta y se fue para ganar a 25 por 1. Esa fue mi primera carrera ganada”. En cambio, su primer clásico lo conquistó hasta 1967 con Buen Tip en el Jacarandas.

Antes, con trabajo se ganaban las montas

Con voz dura, de enojado, por la diferencia entre el antes y el ahora, Manuel Zavala dice: “Antes había mucha seriedad, gente profesional, la mayoría empezábamos a trabajar a las 5 de la mañana y a puro trabajo nos ganábamos las montas y ahora ya no es así. “Ahora a muchos les dan montas porque tienen su cara bonita o porque vienen recomendados, ya no trabajan tanto como antes. No digo nombres, pero ve cómo montan, algunos parecen churumbelas, se desbaratan arriba del sillín y están ganando porque llevan los mejores caballos. “Antes, le hacíamos la lucha a cada caballo hasta la meta y ahorita, 20 ó 30 metros antes se paran arriba de él. “Eso no está normal, a ti te pagan por hacerle la lucha hasta la meta; es una falta de respeto al propietario, al entrenador y al público que está jugando a primero, segundo, tercero y cuarto lugar. Eso nunca se había visto, antes los árbitros nos castigaban si hacíamos eso sin causa justificada”.
En 1976, en una de sus participaciones en el Handicap de las Américas donde cruzó tercero con Batinyén

Castigado y sin Beduino

Zavala comenzó a distinguirse como buen amansador de potrillos Pura Sangre y por eso no es raro que la mayoría de los clásicos que ganó fueron con caballos dosañeros. Uno de los caballos famosos que amansó fue precisamente a Beduino, cuya historia completa, impresa en 2006, volverá a ser publicada por Revista A Caballo. Su expresión en el rostro le cambia al comenzar a hablar del gran Beduino; lo recuerda bien como si este capítulo de su vida hubiera sido ayer y no hace casi 50 años. “Desde que comencé a amansarlo lo noté rápido, dio buenos tiempos en los trabajos y estaba seguro que ganaría en su debut, pero faltando unos días para eso, los árbitros me castigaron. El entrenador Arturo Ruiz García le dio la monta a Arturo Vallejo y, como se esperaba, ganaron por más de 5 largos en 2 ½ furlongs y a 7 por 1 en el tablero. “Yo mandé a jugar mil pesos a ganar, cobré un dineral para esos años y así Beduino me ayudó para comprarme mi primer carro”, recuerda Zavala sonriendo.

“No quiero recomendaditos”

A fines de los años setentas alternó sus montas con su trabajo de instructor en la Escuela de Jinetes, y de esta etapa comenta: “Yo en la escuela nunca le di preferencia a ninguno. Algunos llegaban y decían que venían recomendados, pero yo era muy canijo y les decía: a mi no me vengas con eso, no quiero recomendaditos, aquí recomiéndate tú con tu trabajo. “El que me llegaba a las seis de la mañana no montaba y le tocaba hacer caballerizas, bañar, pasear… Así les enseñaba a llegar temprano y a ser responsables”.

En la histórica primera carrera oficial Cuarto de Milla

En 1983 comenzaron las carreras de caballos Cuarto de Milla oficialmente en el Hipódromo de las Américas y Zavala inició también una nueva etapa en su vida al mostrarse arriba de caballos de las dos razas. El 5 de febrero de 1983 fue protagonista de la primera carrera de ligeros al montar al favorito Kita Pass de don Javier Rosique, con el que cruzó tercero (Revista A Caballo número 164). En ese mismo año 1983 cobró cuatro clásicos en la división Pura Sangre con el dosañero Salvatore, pero de esto y más les platicaremos en una segunda parte de las vivencias de Manuel Zavala. Continuará…

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